Reescribiendo pisadas.
- belu

- 7 mar 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 14 ago 2020
Aprendemos a ser conscientes de nuestro entorno, y desde el instante mismo que abrimos los ojos nuestra memoria empieza a capturar percepciones de todo lo que nos rodea, encapsulando esas sensaciones de color, olor, escala y energías, para luego codificarlas y dibujar un mapa mental, algo así como una cartografía emocional de espacios; los propios, los prestados y los de nadie.
Leer la ciudad implica no solamente analizar datos técnicos de crecimiento demográfico, análisis de riesgo o categorías sociales, sino navegar en en cierto modo a través de construcciones y proyecciones imaginarias de una memoria palimpséstica de territorios que se reinventa día a día, es leer esos relatos de imaginarios que se generan de experiencias propias y heredadas de la cultura que los envuelve, he ahí la complejidad de querer ser "urbanista".
Los lugares en las ciudades pueden ser eternos únicamente en la pesadez de su materialidad pero son efímeros y frágiles en el relato de su imaginario, es una combinación de momento, de entorno y de circunstancias que pueden cambiar y corregir la percepción que tengamos de una plaza, de un edificio o de una esquina.
Estos cambios metafísicos no son tiempo ni son medida son pasos, esos pasos que se pisan y luego se olvidan, que se vuelven a pisar y nuevamente se vuelven a olvidar. En cierto modo los procesos que vive una ciudad se vuelven tan deliciosos ante la mirada atenta de esos ojos que se conmueven con el sueño de un pasado, de esas narices que disfrutan el olor de antaño o simplemente de quien tiene el valor de vaciar su memoria y darles una nueva oportunidad. ¿Será esto último posible?
¿Lugares o no lugares? Por donde pasamos una vez, y luego otra y otra y una vez mas, lugares que se difuminan en un mar de cotidianidad. ¿Cómo luchar contra "la insoportable levedad de lo urbano"? ¿Cómo habitar en donde tenemos el hábito de solo pisar, pasar y olvidar?

No se su nombre pero siempre que la miro al caminar por esa calle imagino la película que debe proyectar su memoria de tantas historias de tardes tardes tibias y tantos rostros perdidos y tristes que vio pasar después de más de 20 años de pararse sobre los mismos ladrillos mientras las horas pasaban envueltas en olor a humo y plátanos asados.




Comentarios