CIUDAD Y GÉNERO (el ser mujer de frente a la ciudad)
- belu

- 23 abr 2020
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 29 jun 2020
Sabes lo que sí da miedo?... salir sola de noche, y aun asi agarras el miedo de la mano y sigues viviendo.
Nairobi, LA CASA DE PAPEL.
Bajarse de un avión y ser recibida, nada más que por el arquetipo de belleza, buena arquitectura y el icónico mundial del diseño, Barcelona; puso mi mundo de cabeza, al caminar en sus calles y atravesar sus manzanas por su tan famosas diagonales, marcó en mi un nuevo precedente de cómo percibo los espacios colectivos, cómo son construidos y que cualidades tienen para hacerte sentir aceptada y segura, aunque esto último no se si pueda llegar a ser posible.
Los modos de vivir la calle ciertamente son diferentes para Latinoamérica que para Europa, la percepción del horario del uso y del no uso, marcada por una construcción mental y social del miedo con factores como la oscuridad, la delincuencia y el hecho de ser mujer, es algo que siguió igual a miles de kilómetros de distancia, esas predisposiciones de una estructura social en donde la vulnerabilidad impuesta sobre la mujer nos condiciona psicológicamente a cómo nos comportamos de frente a la ciudad.
Cuando por fin estuve sola en un ambiente completamente desconocido y caminaba perdida en esas nuevas calles, con nuevos olores, formas distintas y una interminable mixticidad de colores en las caras de las personas, me encontraba completamente enajenada de mí misma y de todas esas preconcepciones sociales; y aun así tuve miedo, pero descubrí que ese miedo no era mío, no me pertenecía, me fue impuesto. Un miedo a la calle, a estar sola en la calle y por ser mujer un miedo a ser violada, porque en si no era una posibilidad era una realidad, me iba a pasar; o eso era lo que sentía.
Sin atribuirme las voces de todas las mujeres puedo decir en este momento y por mi experiencia, que por ser mujer vivimos, percibimos y asimilamos el espacio público, dentro de ese miedo a ser violadas, pero no solo físicamente, sino a que nuestra dignidad, nuestra intimidad, nuestra individualidad sean violadas, como una lucha casi inconsciente en el que solo caminar es exponerse y en donde al final del día terminas cansada de defenderte.
¿Cómo el espacio público te protege? En sí para todos muy aparte de su género el estar afuera ya es entrar en ese estado de vulnerabilidad, la ciudad en si te ataca con sus edificios monstruosamente altos que te aplastan, con sus trazados automatizados que te imponen movimientos mecánicos de robots, con sus semáforos que te obligan a parar imponiendo barreras invisibles de conducta.

Pero es precisamente ahí que descubrí esa dualidad tan adictiva
hacia la urbe de concreto, porque a la vez que representa una lucha constante y feroz del individuo frente a su contexto social, espacial y perceptual, el hecho de vencer a ese condenado monstruo te convierte en la dueña indiscutibles de esos lugares.
3 de la madrugada, la calle Consell de Cent casi vacía, yo en un hermoso vestido negro, sola, y al fin sin miedo; no sé exactamente cómo pasó, pero el hecho de conquistar ese dragón gris, me permitió empoderarme y por fin vivir las atmósferas de esa ciudad tantas veces anhelada por mi mente curiosa de arquitecta y diseñadora. Y me enamore de Barcelona, ame sus calles, ame sus parques, ame sus edificios, ame a Rita, ame ser libre de vivir la ciudad a mi manera; volví a casa y ame Quito.
El espacio público no es nuestro enemigo es nuestra némesis que nos aterra, nos impone y nos ataca, pero al mismo tiempo nos libera, nos permite y nos representa.



Comentarios