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Paisajes Encapsulados.

  • Foto del escritor: belu
    belu
  • 20 mar 2020
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 14 ago 2020

Despertar con el olor intenso y reconocible de la clorofila que exhalando vida en el aire madruga con el primer rayo de sol que asesina la noche. La bruma espesa de un frío espectral se disipa lentamente dejando tras de sí un rastro de rocío, sobre pétalos, sobre hojas, sobre una ventana; que flotando en esa pared de humo enmarca un naciente paisaje rural; el cual, como un portal dibuja la ruta inequívoca de un ayer lleno de recuerdos milenarios e ilegibles que se nos han heredado desde el comienzo de la vida misma.


En un análisis pictórico del paisaje urbano se pasó de definir al campo como un simple plano masa que bordeaba la ciudad donde se huía en vacaciones, a catalogarlo como ese elemento primario para la supervivencia humana. Ahora conceptos como los huertos urbanos y los jardines verticales componen las nuevas dialécticas de una ciudad sustentable, donde en un intento desesperado volvemos a introducir en la vida urbana eso que desplazamos como innecesario, el verde; concepto que engloba a todo un complejo mundo ecosistémico, en un color secundario.


Microjardines en una ciudad ajustada y supe saturada, terrazas donde flotan raíces que no pertenecen a ninguna parte, velos estéticos de pequeñas flores que posan frágiles en un hermoso pondo con apariencia de barro desgastado hecho del polímero de la más alta calidad. Pareciera que recompusiéramos de forma artificial y esquemática el plano escénico de un campo dentro de la ciudad, donde se pinta alocadamente de verde calles, esquinas e incluso muros de muy altos edificios; en un sueño onírico de combinar nuestro entorno primario con el sueño futurista de la gran ciudad.


Paisajes encapsulados: Nuevo concepto, sin un refutamiento oficial por la altísima alcurnia académica de arquitectos, urbanistas y paisajista; que bajo un análisis sensorial nada científico intenta definir en dos palabras, ocho sílabas y veinte letras, la actual confrontación e interpretación de la naturaleza, "el verde"; el mismo que forzosamente se ve introducido en nuestro obsesivo mundo de hormigón.






Al fin y al cabo una maceta en una esquina es un paisaje encapsulado, un verde empequeñecido a una escala diminuta que como una burbuja, nos traslada en nuestro inconsciente a esas onduladas olas de tierra y musgo, que dibujan la idea de un infinito, eterno y maravilloso en el horizonte, dando un poco de aire a una claustrofobia auto infringida por una ciudad que se devora a sí misma.

 
 
 

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